Llevo meses sintiéndome como una diosa griega, solo que sin corona, un poco más alta y significativamente más vestida. Y es que en Londres, al contrario que en Grecia, si vas desvestida te acatarras. ¿El motivo de tanta celebración emocional? Haberme mantenido unos cuantos meses sin la retahíla de desastres diarios que me caracteriza. Pero, como decía María Jiménez (la del pavo real): İse acabo!
Asi que como víctima de mí misma que soy, resumo mis calamidades de las últimas 24 horas:
· El borde churruscado de una tostada en el tostador ahúma un poco y la alarma de incendios, que yo estaba casi convencida de que no funcionaba (en parte porque al no fumar nunca la había probado), se vuelve loca. Acabo abanicándola a ella primero hasta que se apaga y abanicándome a mí después de tanto esfuerzo. Es lo que tienen los países donde practican el deporte de tener moqueta: tienes alarma de incendios en todas las casas y una neurastenia generalizada que hace que sean tan sensibles que huelen mi tostada quemada desde la habitación contigua.
· Voy al gym y justo cuando me voy a poner el bikini... Zas! İMe doy cuenta de que se me ha olvidado la mitad! ¿Qué hace una en estas situaciones? Pues volverse a casa con la mitad del bikini y la frustración entera. ¿El segundo intento? Mejor, bikini entero pero volví a casa con un nido de gaviota en la cabeza al más puro estilo Amy pero sin pulgas. Y es que me acordé de coger el bikini y se me olvido el peine.
| Yo no quiero ni mirar tampoco |
· La jarra del café, de tan mareada que la tengo de pasearla por la cocina para enchufarla y desenchufarla se cae patas arriba y se rompe en añicos. Mas o menos lo mismo que hemos sentido todos cuando hemos jugado de pequeños a perder el equilibro a base de dar vueltas sobre nosotros mismos en versión cristal. O lo que es lo mismo, jugar a la ruleta rusa solo que la que da vueltas eres tú y además, cuando por fin terminas, te auto-destruyes. Amazon me enviara una nueva jarra con suerte a tiempo para mi café de después de comer del sábado. Happy days!
· Salgo de casa disparada para llegar al coche y darme cuenta de que tengo dos bolsas de basura adosadas a mis manos. ¿De dónde han salido? Y sobre todo, ¿en qué momento me he pasado el cubo de basura? Como evidentemente no me apetece reconvertir mi maletero en un vertedero, me vuelvo a casa cabizbaja en busca de los cubos de basura que serán el hogar de mi basura y de las ratas Jones.
· Voy a una fiesta y justo cuando estoy en mi momento Preysler cogiendo un canapé glamurosamente, me lo tiro por encima. Menos mal que no era material radiactivo y había un español y un argentino en los alrededores que me recogieron en mitad de mi crisis de elegancia.
Asi que ahora creo que voy a estar una semana en reposo porque estoy casi segura que esto, como muchas otras enfermedades, se pasa si no haces nada. ¿Sere yo la única que tiene esta maña?
Lara Jones

