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19/3/12

Desastres mix Marzo 2012

Llevo meses sintiéndome como una diosa griega, solo que sin corona, un poco más alta y significativamente más vestida. Y es que en Londres, al contrario que en Grecia, si vas desvestida te acatarras. ¿El motivo de tanta celebración emocional? Haberme mantenido unos cuantos meses sin la retahíla de desastres diarios que me caracteriza. Pero, como decía María Jiménez (la del pavo real): İse acabo!
Asi que como víctima de mí misma que soy, resumo mis calamidades de las últimas 24 horas:
·         El borde churruscado de una tostada en el tostador ahúma un poco y la alarma de incendios, que yo estaba casi convencida de que no funcionaba (en parte porque al no fumar nunca la había probado), se vuelve loca. Acabo abanicándola a ella primero hasta que se apaga y abanicándome a mí después de tanto esfuerzo. Es lo que tienen los países donde practican el deporte de tener moqueta: tienes alarma de incendios en todas las casas y una neurastenia generalizada que hace que sean tan sensibles que huelen mi tostada quemada desde la habitación contigua.
·         Voy al gym y justo cuando me voy a poner el bikini... Zas! İMe doy cuenta de que se me ha olvidado la mitad! ¿Qué hace una en estas situaciones? Pues volverse a casa con la mitad del bikini y la frustración entera. ¿El segundo intento? Mejor, bikini entero pero volví a casa con un nido de gaviota en la cabeza al más puro estilo Amy pero sin pulgas. Y es que me acordé de coger el bikini y se me olvido el peine.
Hiding Face
Yo no quiero ni mirar tampoco
·         La jarra del café, de tan mareada que la tengo de pasearla por la cocina para enchufarla y desenchufarla se cae patas arriba y se rompe en añicos. Mas o menos lo mismo que hemos sentido todos cuando hemos jugado de pequeños a perder el equilibro a base de dar vueltas sobre nosotros mismos en versión cristal. O lo que es lo mismo, jugar a la ruleta rusa solo que la que da vueltas eres tú y además, cuando por fin terminas, te auto-destruyes. Amazon me enviara una nueva jarra con suerte a tiempo para mi café de después de comer del sábado. Happy days!
·         Salgo de casa disparada para llegar al coche  y darme cuenta de que tengo dos bolsas de basura adosadas a mis manos. ¿De dónde han salido? Y sobre todo, ¿en qué momento me he pasado el cubo de basura? Como evidentemente no me apetece reconvertir mi maletero en un vertedero, me vuelvo a casa cabizbaja en busca de los cubos de basura que serán el hogar de mi basura y de las ratas Jones.
·         Voy a una fiesta y justo cuando estoy en mi momento Preysler cogiendo un canapé glamurosamente, me lo tiro por encima. Menos mal que no era material radiactivo y había un español y un argentino en los alrededores que me recogieron en mitad de mi crisis de elegancia.
Asi que ahora creo que voy a estar una semana en reposo porque estoy casi segura que esto, como muchas otras enfermedades, se pasa si no haces nada. ¿Sere yo la única que tiene esta maña?
Lara Jones

5/3/12

Afternoon Tea

Las mujeres somos animales inseguros por naturaleza: nos preocupan nuestras unas quebradizas, las puntas abiertas, las raíces (y no de las plantas precisamente), la celulitis, los abdominales, pasar por tontas, pasar por listas y, a mi especialmente, cocinar para los demás. Porque de todo Londres, probablemente soy la única mujer soltera que se cocina felizmente unas lentejas con chorizo para ella sola, pero entra en pánico si tiene que hacer palomitas para los demás.
Por eso, la fiesta de inauguración de mi casa, que simplifique hasta niveles extremos a un afternoon tea en parte porque la que limpia soy yo y el alcohol es muy pegajoso, en parte porque fiestas con aforo limitado a 6 personas no dan mucho juego, fue uno de los momentos más estresantes de mi vida por delante de hacer el examen de conducir, presentar el proyecto de fin de carrera y el primer día de rebajas:
v  El viernes por la noche, ahí estaba yo, en la cocina con 18 huevos (no fecundados así que sin riesgo de pollitos), 2 kilos de harina, hojaldre, cacao, manzanas, un limón, yogur y dos toneladas de azúcar. La misión: producir un bizcocho de limón, roquillas, un bizcocho de chocolate, 9 flanes y un hojaldre de manzana.
v  3 horas después, ahí seguía yo con 6 huevos sin cascar, 12 cascados, 1 bizcocho de limón perfectamente hecho, 25 rosquillas saludables, un bizcocho de chocolate desinflado (los bizcochos deberían ser más comprensivos y dejarnos romper la regla de no abrir la puerta del horno cuando estamos en condiciones de agotamiento extremo o manejando dos hornos simultáneamente) y 9 flanes en proceso con un caramelo que estaba claramente quemado pero que mi nivel de cansancio enmascaro como ‘un poco más sabroso de lo normal’.
A Perfect Day
Ay que ver lo bonita que ha quedado la mesa, aunque no sea la mia

v  A la mañana siguiente, ya con mi buen juicio de vuelta llego la crisis: los flanes no eran comestibles y el bizcocho de chocolate… partió un cuchillo por la mitad. Asi, sin avisar ni nada. Y tenía exactamente 5 horas para hacer el hojaldre de manzana, los flanes y el bizcocho de chocolate. Asi que era hora de priorizar. Lo primero es lo primero así que: me fui a spinning!
v  De vuelta de spinning, con la mitad de la crisis resuelta después de una mini visita al super (y es que a mí me tranquiliza mucho comprar bizcochos de chocolate por los que puedo demandar a alguien si parten un cuchillo), me dedique a compatibilizar el momento hojaldre + flanes con sucesivas crisis de no_me_da_tiempo, que_hago_yo_con_estos_pelos y otros muchos pensamientos negativos que me llevaron a preguntarme: ¿como lo hace la Preysler recibiendo embajadores con un aspecto de paz y tranquilidad increíble mientras yo recibo a mis amigos con un nido de gaviotas en la cabeza, las puntas horneadas y un par de Valium corriéndome por las venas?
v  3 de la tarde y, salvo la cocina, que parecía Sarajevo en 1992, el resto estaba listo: los dulces, el té, mis pelos al estilo Bruja Averías que yo decidí auto-justificar como una tendencia que saldría pronto publicada en el Diablo Viste de Zara o el blog de B a la Moda. Hasta el gatito Jones estaba listo para sus clases de ingles: de momento sigue respondiendo mucho mejor a ‘donde está la pelota’ en español pero todo se andará.
v  Lunes por la noche: nadie me ha contactado quejándose por envenenamiento. Después de escanear Facebook, intuyo que en realidad ninguno ha pasado a mejor vida y mi producción de dulces era toda comestible y no iba contra la salud pública. La cocina está limpia de nuevo. De hecho, puedo ver claramente donde está la encimera. Y, aunque sigo sin entender muy bien porque tantas mujeres cenan solas leche con cereales y cocinan 3 platos cuando están acompañadas, yo estoy un poco más cerca de cocinar un plato y poner las palomitas de postre.
¿Alguien más tiene más miedo a cocinar para otros que a un día sin maquillaje?
Lara Jones

19/5/11

El ataque de las pulgas

Mi madre siempre dice que mujer previsora vale por dos. Pero a veces la genética te juega una mala pasada y, en lugar de heredar el set completo de refranero español + sentido común + disciplina militar aplicada, heredas la colección de sellos del abuelo, que viene a ser mi caso.
Asi que como el gatito Jones venia de otra casa, mi disciplina militar me indico sabiamente que no había que desparasitarlo. Y mi sentido común me dijo que ese pequeño mosquito que le rondaba la oreja ayer por la mañana, venia del árbol que entra por la ventana. Hasta que al final fue la colección de sellos la que me dijo que ese mosquito que veía por segunda vez igual era un accesorio del gato. O lo que es lo mismo: una pulga.
Mi primer ataque de pánico desemboco en la compra de un spray anti pulgas para la casa y un anti pulgas para el gato ademas de vencer el record mundial de los 100 metros lisos. Y es que yo bajo presión corro como un gamo.
Lo que yo sospechaba que tenia el gatito Jones cuando todavia era joven e inocente

El segundo ataque de pánico vino cuando después de rociar la casa y al gato con anti pulgas, le pase el peine al efecto, me salió una pulga adulta al encuentro y salto dentro de la cama. Tarde un total de 10 segundos es desvestirme, hacer un montoncito con toda mi ropa y la ropa de cama y rociarlo y crearme un look de pelea de gatas que yo clasificaría como Neurotic Chic. Y cero coma mas en darme cuenta de que tenia las ventanas abiertas de par en par y todo el vecindario me estaba viendo con el resultado de mis paseos por la sección de lencería.
Y a partir de ahí todo fue sobre ruedas:  utilice spray para matar pulgas en el equivalente a tres casas de la Preysler (lo cual no está mal teniendo en cuenta que mi casa es del tamaño de la caseta de perro), mi hipocondría hizo que me picase todo el cuerpo con cada pulga que encontraba (hasta un total de 4), me encontré 3 picaduras (no sé si reales o figuradas), llame a mi madre cinco  veces (todas para atención psicológica) y finalmente, como desde que deje el chocolate Milka no hay ninguna otra droga en mi casa, me di al cola cao para tranquilizarme.
Mucho me temo que recibiré una carta del ayuntamiento por emitir el equivalente de CO2 de todo el transporte anual en Europa. Espero que mis vecinos sepan agradecerme mi diligente desparasitación, que por cantidad utilizada de insecticida cubre toda el área metropolitana de Londres y salgan en mi defensa.
Y si me deportan, siempre podre volver a España, ¿no?

3/3/11

Mama Jones tiene un secreto

Mi madre tiene un secreto. Y lo ha guardado como oro en paño durante años. Cómo posiblemente le parecía excesivo esperar a su lecho de muerte, al más puro estilo madre millonaria de película, aprovechó que yo me había quedado pegada al suelo del baño para confesar.
¿Y cómo me quede pegada? Tras un largo proceso que me llevó no menos de 6 horas pero que finalmente obtuvo resultados equiparables al esfuerzo. Porque no es fácil quedarse pegada con algo que sale por los orificios de vapor de la plancha. Es un poco más difícil incluso que sea el producto de un anti cal. Riza el rizo que para llegar a esa situación yo dejase la plancha atada con el cinturón de mi albornoz para asegurarme de que salía todo el vapor/chocolate. Y es el colmo que en ningún momento del proceso se me ocurriese pensar que el hecho de que estuviese llevando a cabo un proceso tan complicado posiblemente estaba relacionado con que no entendí bien las instrucciones.
El caso es que después de vaciar en forma de vapor 3 tanques de plancha llenos de anti cal y encontrarme en el suelo del baño una especie de caramelo que me recordaba a alguna película en la que se acaba auto-generando un alien / marciano / asesino / polizón (en ningún caso una asistenta, que es lo que yo de verdad necesito) decidí que era un momento estupendo para despotricar del agua dura de Londres (equivalente acuífero de Belén Estaban) comparada con el de Madrid (o Isabel Preysler). En algún momento de mi narración, posiblemente muy cerca de ‘casi muero envenenada’ y ‘si me detienen no me pueden tomar las huellas, me las he quemado todas’ mi madre decidió confesar: Ella también le echaba anti cal a la plancha. ¿Comorrrr?? Y ademas no se sentía amenazada por aliens, no usaba ningún cinturón en el proceso, no tardaba 6 horas y no se hacía a la parrilla ninguna parte de su cuerpo (hasta he recibido una oferta de Burger King porque a la parrilla se mejor).
La plancha: ese potro de tortura

En un momento, lo comprendí todo: las puertas que se oían en mi casa a altas horas, no eran para ir al baño ni los reyes magos entrando con los camellos, era mi madre limpiando a escondidas la plancha. Cuando no sabíamos con quien hablaba por teléfono: era con el club selecto de los anti cales. Cuando no quería que le revolviésemos los armarios de la cocina: era porque al fondo tenia escondidos todos los productos. Y cuando me fui de casa y me dijo ‘que vas a hacer sin mí’: lo decía en serio y con conocimiento de causa.
Y yo me pregunto: ¿cuántos secretos más tendrá?
Lara Jones