Las mujeres somos animales inseguros por naturaleza: nos preocupan nuestras unas quebradizas, las puntas abiertas, las raíces (y no de las plantas precisamente), la celulitis, los abdominales, pasar por tontas, pasar por listas y, a mi especialmente, cocinar para los demás. Porque de todo Londres, probablemente soy la única mujer soltera que se cocina felizmente unas lentejas con chorizo para ella sola, pero entra en pánico si tiene que hacer palomitas para los demás.
Por eso, la fiesta de inauguración de mi casa, que simplifique hasta niveles extremos a un afternoon tea en parte porque la que limpia soy yo y el alcohol es muy pegajoso, en parte porque fiestas con aforo limitado a 6 personas no dan mucho juego, fue uno de los momentos más estresantes de mi vida por delante de hacer el examen de conducir, presentar el proyecto de fin de carrera y el primer día de rebajas:
v El viernes por la noche, ahí estaba yo, en la cocina con 18 huevos (no fecundados así que sin riesgo de pollitos), 2 kilos de harina, hojaldre, cacao, manzanas, un limón, yogur y dos toneladas de azúcar. La misión: producir un bizcocho de limón, roquillas, un bizcocho de chocolate, 9 flanes y un hojaldre de manzana.
v 3 horas después, ahí seguía yo con 6 huevos sin cascar, 12 cascados, 1 bizcocho de limón perfectamente hecho, 25 rosquillas saludables, un bizcocho de chocolate desinflado (los bizcochos deberían ser más comprensivos y dejarnos romper la regla de no abrir la puerta del horno cuando estamos en condiciones de agotamiento extremo o manejando dos hornos simultáneamente) y 9 flanes en proceso con un caramelo que estaba claramente quemado pero que mi nivel de cansancio enmascaro como ‘un poco más sabroso de lo normal’.
| Ay que ver lo bonita que ha quedado la mesa, aunque no sea la mia |
v A la mañana siguiente, ya con mi buen juicio de vuelta llego la crisis: los flanes no eran comestibles y el bizcocho de chocolate… partió un cuchillo por la mitad. Asi, sin avisar ni nada. Y tenía exactamente 5 horas para hacer el hojaldre de manzana, los flanes y el bizcocho de chocolate. Asi que era hora de priorizar. Lo primero es lo primero así que: me fui a spinning!
v De vuelta de spinning, con la mitad de la crisis resuelta después de una mini visita al super (y es que a mí me tranquiliza mucho comprar bizcochos de chocolate por los que puedo demandar a alguien si parten un cuchillo), me dedique a compatibilizar el momento hojaldre + flanes con sucesivas crisis de no_me_da_tiempo, que_hago_yo_con_estos_pelos y otros muchos pensamientos negativos que me llevaron a preguntarme: ¿como lo hace la Preysler recibiendo embajadores con un aspecto de paz y tranquilidad increíble mientras yo recibo a mis amigos con un nido de gaviotas en la cabeza, las puntas horneadas y un par de Valium corriéndome por las venas?
v 3 de la tarde y, salvo la cocina, que parecía Sarajevo en 1992, el resto estaba listo: los dulces, el té, mis pelos al estilo Bruja Averías que yo decidí auto-justificar como una tendencia que saldría pronto publicada en el Diablo Viste de Zara o el blog de B a la Moda. Hasta el gatito Jones estaba listo para sus clases de ingles: de momento sigue respondiendo mucho mejor a ‘donde está la pelota’ en español pero todo se andará.
v Lunes por la noche: nadie me ha contactado quejándose por envenenamiento. Después de escanear Facebook, intuyo que en realidad ninguno ha pasado a mejor vida y mi producción de dulces era toda comestible y no iba contra la salud pública. La cocina está limpia de nuevo. De hecho, puedo ver claramente donde está la encimera. Y, aunque sigo sin entender muy bien porque tantas mujeres cenan solas leche con cereales y cocinan 3 platos cuando están acompañadas, yo estoy un poco más cerca de cocinar un plato y poner las palomitas de postre.
¿Alguien más tiene más miedo a cocinar para otros que a un día sin maquillaje?
Lara Jones