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30/6/11

Popurri de desastres

Todas y cada una de las semanas hago propósito de enmienda y me prometo a mi misma mejorar mis procesos para hacerme inmune a los desastres. Y todas y cada una de las semanas me ocurren desastres nuevos. Los de esta semana:
v  Me despierto con lo que me parece un zafiro que una pitonisa egipcia me intenta clavar en la cadera en mitad de lo que yo diría es un ritual del amor y la suerte, conjurando a los habitantes del mas allá. Cuando por fin vuelvo a la consciencia y a Londres 2011, me doy cuenta de que lo que en realidad se me está clavando es el tanga. Y no solo es que es mucho menos glamouroso, es que de todos los sitios donde se me ocurre que se te puede clavar el tanga, este es uno de los más inexplicables.
v  Llego a la clase de spinning, hago mis estiramientos antes de empezar y justo cuando todo el mundo está casi convencido de que soy una autentica profesional noto que algo en las zapatillas no va bien. Me recoloco el calcetín un número de veces suficiente como para que el de la bici de al lado piense que me está saliendo un sexto dedo o un espolón al que me estoy adaptando con esfuerzo. Y es después de la vigésimo quinta vez cuando me doy cuenta de que lo que me molesta es un protector que me he dejado por error en uno de los dedos. ¿Como carajo retira una semejante ordinariez sin quitarse el calcetín ni compartir con el mundo la información? Con mucho cuidadito.
v  Estoy a punto de salir corriendo de casa, cojo la bolsa de la basura y İsorpresa! Caen 100 gusanos vivitos y coleando. Miro al gatito Jones con cara sospechosa y él me devuelve la mirada con cara de pio pio que yo no he sido. Dos cosas han sido confirmadas. Una por experiencia: los gusanos sobreviven a la lejía, tú posiblemente; no así que la próxima vez buscare una alternativa mas letal. Otra por el veterinario: los gusanitos son los efectos secundarios de las pulgas que mate el mes pasado. Una especie de castigo de Dios, de María de la O, en versión moderna y sin caracolillo.
Justo cuando yo estoy como una flor viene un abeja en forma de desastre a molestarme

v  El mundo se confabula contra mí y justo cuando mas necesito los inventos tecnológicos más me dejan tirada: la batería de un portátil no funciona, el otro se niega a reconocer el micrófono y yo me acabo encontrando como el hombre invisible en versión muda en una conversación de Skype que me encantaría escuchar a hurtadillas salvo por el hecho de que solo somos dos en ella y yo no puedo hablar. ¿Hola??? ¿Hoooolaaaaa? Como echo de menos los tiempos de boli Bic, Bic, Bic, Bic, Bic...
v  Voy a médico de nuevo. Esta vez porque me preocupa haber acogido en mi seno algun gusano, pulga o el protagonista del siguiente capítulo de animales indeseables en mi vida. El médico me mira con ternura mientras duda si darme un anti-parásitos o un vale descuento para un centro de día de hipocondriacos anónimos donde pueda compartir con otras personas con mi condición mis experiencias. Y yo la verdad es que salgo de la consulta como unas pascuas. Ya somos dos felices: yo porque no tengo ninguna enfermedad terminal causada por parásitos gatunos y el médico por sus propias razones que su cara de chiste dejaba entrever.
¿Algún desastre divertido que compartir?

Lara Jones
P.S. Disculpas por el retraso publicando.

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19/5/11

El ataque de las pulgas

Mi madre siempre dice que mujer previsora vale por dos. Pero a veces la genética te juega una mala pasada y, en lugar de heredar el set completo de refranero español + sentido común + disciplina militar aplicada, heredas la colección de sellos del abuelo, que viene a ser mi caso.
Asi que como el gatito Jones venia de otra casa, mi disciplina militar me indico sabiamente que no había que desparasitarlo. Y mi sentido común me dijo que ese pequeño mosquito que le rondaba la oreja ayer por la mañana, venia del árbol que entra por la ventana. Hasta que al final fue la colección de sellos la que me dijo que ese mosquito que veía por segunda vez igual era un accesorio del gato. O lo que es lo mismo: una pulga.
Mi primer ataque de pánico desemboco en la compra de un spray anti pulgas para la casa y un anti pulgas para el gato ademas de vencer el record mundial de los 100 metros lisos. Y es que yo bajo presión corro como un gamo.
Lo que yo sospechaba que tenia el gatito Jones cuando todavia era joven e inocente

El segundo ataque de pánico vino cuando después de rociar la casa y al gato con anti pulgas, le pase el peine al efecto, me salió una pulga adulta al encuentro y salto dentro de la cama. Tarde un total de 10 segundos es desvestirme, hacer un montoncito con toda mi ropa y la ropa de cama y rociarlo y crearme un look de pelea de gatas que yo clasificaría como Neurotic Chic. Y cero coma mas en darme cuenta de que tenia las ventanas abiertas de par en par y todo el vecindario me estaba viendo con el resultado de mis paseos por la sección de lencería.
Y a partir de ahí todo fue sobre ruedas:  utilice spray para matar pulgas en el equivalente a tres casas de la Preysler (lo cual no está mal teniendo en cuenta que mi casa es del tamaño de la caseta de perro), mi hipocondría hizo que me picase todo el cuerpo con cada pulga que encontraba (hasta un total de 4), me encontré 3 picaduras (no sé si reales o figuradas), llame a mi madre cinco  veces (todas para atención psicológica) y finalmente, como desde que deje el chocolate Milka no hay ninguna otra droga en mi casa, me di al cola cao para tranquilizarme.
Mucho me temo que recibiré una carta del ayuntamiento por emitir el equivalente de CO2 de todo el transporte anual en Europa. Espero que mis vecinos sepan agradecerme mi diligente desparasitación, que por cantidad utilizada de insecticida cubre toda el área metropolitana de Londres y salgan en mi defensa.
Y si me deportan, siempre podre volver a España, ¿no?