10/5/11

El gatito Jones

Llevo toda una vida quejándome de lo pesada que es mi madre: preguntando que si me he muerto (no, estaba dormida, pero no te preocupes que ya no); buscándome por toda la casa, como si me fuese a fugar de ese lugar donde el alojamiento y la comida es gratis sin ser un albergue para mendigos; controlando lo que como, como si una patata frita desembocase en infarto y saltarse una comida en truco de magia terminado en desaparición; persiguiendo con Frenadol tras cada estornudo;   tapándome (cuando era pequeña y ahora) y esperándome despierta cuando salgo no sea que me rapten, me asesinen, me violenten o me perviertan (que yo ya le he dicho que en cualquiera de esas improbables circunstancias siempre será mejor que la pillen bien dormida y despejada porque si no no hay quien se entere de la película).
El caso es que ahora lo comprendo. ¿He tenido un niño? No, he adoptado un gato. Y a estas alturas:
v  Le busco incesantemente por si se tira por la ventana, aunque teniendo en cuenta que para subir a la cama escala por el edredón, no tengo muy claro cómo va a ingeniárselas para llegar al alfeizar.
v  Le despierto por la noche para comprobar que sigue con vida. Si medio mundo tiene problemas para pegar ojo, mi gato los tiene para despegarlos.
v  Desenchufo todo al salir de casa, aunque es altamente más probable que me electrocute yo que que se electrocute él.
v  Compruebo lo que come y en mitad de la preocupación por su masticación, he descubierto que todavía tiene dientes de leche y que es un gato trendy con tendencias vegetarianas: le gustan las patatas, los champiñones y el cola cao.
El gatito Jones ha llegado para cazar al ratoncito Jones

v  Me preocupo por su higiene y, de hecho, estoy pensando seriamente en darle un curso de cómo lavarse la tripa y detrás de las orejas, dos puntos del cuerpo que parece que no identifica como suyos. Lo que no he decidido todavía es si ponerle un DVD y jugármela a que se dedique a contar el gotele del techo o tumbarme yo en la alfombra y hacerle una demostración en vivo (igual lo grabo y luego vendo el video que seguro que hay un filón).
v  Me aseguro de que juega aunque no me guste mucho su pasión por usar mis bolsos de trinchera, que todas mis gomas del pelo hayan desaparecido sin dejar rastro, que mi manta de pelos le parezca un rascador y que muestre sin tapujos su claro parentesco con la cabra montesa.
El caso es que pese a todas las preocupaciones, estoy feliz como un regaliz y oh, Milagro! Empiezo a entender a las madres del mundo (y hasta las miro con ternura) y hasta estoy dejando de pensar que los niños son un producto diseñado para romper mi paz interior en mis breves momento Zen.
¿Me estare haciendo mayor?

Lara Jones


5/5/11

Caperucita Roja

Reconozco que de Caperucita Roja, desde pequeña,  lo único que me gustaba era la capa roja y la cestita (hasta que me di cuenta de que Caperucita no tenía coche e iba deslomada por el bosque con una cesta inmanejable que probablemente pesaba como un plomo). Mientras la abuelita ligaba en el hogar del pensionista y la mamá leía con devoción el Hola y veía a Ana Rosa Quintana, ella, bosque arriba, bosque abajo, con un chaleco reflectante rojo, no sea que el lobo se entretuviese echando mantequilla al pan de sándwich en el que se la iba a merendar y no la localizase fácilmente después.
Pero todo cambio cuando vi la critica nefasta de la película Caperucita Roja. Y es que no hay nada como poner las palabras ‘historia de amor’ y ‘final predecible’ en la misma frase para que la ñoña que hay en mi empiece a ronronear: por fin un final potencialmente feliz! Con las horas de lobby que yo paso conmigo misma pensando en la categorización de las películas por edades y nivel de depresión del final.
Así que rauda y veloz, llegue al cine pare encontrarme solo buenas señales: los únicos  hombres que había o eran gays o estaban ensimismados con su iPhone viendo las noticias de la guerra de Libia, los resultados del partido de ayer o a las mama chichos 20 años después; las chicas que había ni pestañeaban y, lo mejor, una super fan le había robado los lazos del pelo a su hermana pequeña y, ahí estaba, con coleta estilo Grease llena de lazos rojos haciendo averiguaciones de última hora sobre dónde comprar una capa a juego (porque Zara de momento no ha copiado el estilismo, pero queda menos). Definitivamente estaba en el lugar adecuado.
Nada como una capa roja con bolso a juego

Y que tal me fue? Pues divinamente: se me paso el trauma de mis botas de nieve Wellington después de ver los pantuflos que llevaba caperucita; tuve un catarro psicológico cuando vi a todo el casting entre nieve en manga corta y sin bufanda (si es que soy más blandita); me encantó el drama de matrimonio concertado / madre infiel (pero que vidas más interesantes tienen algunas familias, por Dios, y todo esto hechos unos zorros, con ropa de limpieza dudosa); me enamoré del chico malo (para variar) y hasta me dio tiempo a hacer la lista de la compra (que no se me olvide la leche de soja, por favor).
Así pues, ha llegado el momento de confirmar al mundo mi reconciliación con Caperucita! Ha bastado poner un galán en el cuento, un matrimonio concertado, un amor imposible, una madre infiel con mechas perfectas (sin las mechas la peli pierde puntos), un lobo misterioso, unos pololos siglo XV, el asesinato de media aldea, un mata-brujas salido del tribunal de la inquisición, un par de negros de dos metros (que yo me pregunto cómo llegaron de África a ese bosque con un perfecto acento estándar del telediario de la 5), un cura salido de Cuéntame y unas tomas panorámicas que solo los americanos saben hacer porque su think big es aplicable a todo para dar carpetazo a anos de desencuentros con la historia.
Si es que soy super fácil de complacer…
Alguien más ha visto la peli?
Lara Jones

3/5/11

La boda real segun Lara Jones

Mi mente científica disfrutó como una enana la boda de Kate y William. Y es que fue toda una sesión de descubrimientos cómodamente sentada en un pub y acompañada de un séquito a la altura de las circunstancias, con los ojos secos de no pestañear y conectadas con España, no fuese que se nos pasase algún detalle.
Asi que al más puro estilo leyes de Newton o teoría de la relatividad, pero sin nombre oficial, paso a enunciar mis descubrimientos:
v  Casar a William no solo era una cuestión de estado sino de urgencia. Un par de años más y el brillo de su calva haría cualquier ceremonia no retransmisible por televisiones con el ajuste de brillo-contraste tal y como hoy las conocemos. De hecho, el cura astutamente cerro el negocio en los 5 primeros minutos de ceremonia para evitar arrepentimientos, mudas de pelo o alergias de última hora.
v  Lo que yo pensaba que era producto de la imaginación de Walt Disney, es en realidad el traje de boda estándar: chaqueta con detalles en dorado del color mas criminal y que menos favorezca para el caballero. Todo un test para la novia: si no sobrevive a eso es que realmente no quería ser princesa. Kate, querida, te queda todavía el capitulo falda escocesa.
v  La casa real también compra en Ikea y, de hecho, William pensó que estaba ensamblando mentalmente un armario de tres puertas con la llave estándar (enroscar en sentido de las agujas del reloj, no al revés que se nos desarma el invento), mientras le ponía a Kate el anillo. Evidentemente, ademas del Kama Sutra,  hay mas formas de combinar destornilladores y sangre azul en la misma frase.
v  Kate supero con nota la prueba más dura de la boda: bajar del coche estilo taxi británico que la llevó a la iglesia sin hacer sentadillas, poner el culo en pompa, necesitar impulso (o peor, que la empujaran), darse un cabezazo, perder los pendientes, el velo, la dignidad o la sonrisa, como nos pasa al resto. Intuyo que tamaña destreza solo se adquiere a base de duro entrenamiento y días interminables de ensayo. Y es que habría quedado feo caerse patas arriba al mas puro estilo Lady Gaga delante de todo el país.
Kate y William, claramente con mas pelo que en la vida real

v  La reina echo toda la carne en el asador para la boda de su nieto. El amarillo pollo horroroso que lucía no tiene otra explicación. Y justo cuando parecía que no podía empeorar, veo entre los asistentes dos señoras más con ese estilismo. Está todavía por confirmar si eran de la escolta real y pretendían despistar a terroristas potenciales o si las terroristas eran ellas atentando contra el buen gusto y tuvieron que ser desalojadas por los Geos.
v  Harry desciende de una estirpe de granjeros ilustres. Solo así se explica que con traje de gala llevase andares de leñador, que en el altar tuviese el baile de San Vito y que aun así nos pareciese encantadora su sonrisa cheeky.
Y ademas y sin bullet point dedicado: el hermano de la novia tenía una belleza entre abstracta e incomprensible (nos decepcionó a todas), Victoria Beckham se calzo 20 cm de tacón para ahogar su frustración por llevar un saco puesto, Máxima de Holanda llevaba un turbante que me tiene loca (junto con la jequesa de no sé donde que también lo lució la semana pasada), Belén Esteban esta que no cabe en sí de gozo porque el vestido de Kate es parecido al suyo y yo vi a la reina Sofía salir de Buckingham en coche y me hizo mucha ilusión.
Y ahora que hagan el favor de procrear, que no puedo esperar 8 años más para hacer un post sobre sus churumbeles.

¿Tú qué crees? ¿Tendré que esperar otros ocho años?