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7/7/11

5 momentos que pusieron mi vida en perspectiva

Cuando ves Supervivientes o Gran Hermano (del que yo soy una gran fan, y lo reconozco sin tapujos mientras saco del bolso un libro de física cuántica para contrarrestar, con la esperanza de no leerlo del revés) siempre hacen alusión a todos esos momentos vitales que nunca pensaron vivir y que les cambiaron la vida (hambruna en África, que la gente te conozca por la calle o vender tu topless y que tu padre te siga hablando, que eso si que el buen señor no se lo esperaba).

El caso es que desde que me mude a Londres, he atesorado unos cuantos momentos que han puesto mi vida en perspectiva, con el mismo impacto que conocer a Jesulin para Belen Esteban pero sin hacerme millonaria, ponerme colágeno en los labios o perfeccionar mi ‘Ejque’ madrileño (del que yo no solo no soy fan sino que no soy usuaria). Y aqui van mis TOP 5:
1.    
   El bicho que intente matar con laca salto hacia mí y casi me mata del susto. Me puso en perspectiva de que 1. Lo que me ahoga a mi no ahoga al resto de las especies. 2. Cada animal tiene que ser eliminado con su respectivo mata-bichos lo cual es aplicable a las pulgas del gatito Jones, los insectos que entran por la ventana y los hombres cenicienta que en lugar de convertirse en calabaza a las 12 de la noche, se convierten en Homeless e intentan meterse en mi casa en plan polizón.
2.       Tuve que aplicar para poder pagar por las entradas de las olimpiadas. ¿Resultado?? Lo quiero, lo quiero, İlo quiero! Y lo quiero un millón de veces más que si me hubiesen dejado comprarlo directamente. Puesto en perspectiva: chicas, tenemos que aplicar el ‘Nena, tú vales mucho’ y en momentos de flaqueza reforzarlo leyendo el libro ‘Why men love bitches’.

A veces me siento asi...
3.       En un descuido me encontré en plan guiri en el parque con los pantalones remangados tomando el sol. Y es que, aunque teóricamente, solo pasa en los polos, en la práctica, si trabajas de 9 a 5, de Francia para arriba lo único que te diferencia de los esquimales es que tu casa está hecha de ladrillos y que no te saludas con la nariz, sobre todo porque no te la sientes e igual por descuido le sacas un ojo a alguien.  Asi que tantas horas de oscuridad me han pasado factura y estoy mutando hacia una versión anglosajona de mi misma. Y claro me ha puesto en perspectiva: el día que me ponga sandalias con calcetines, por favor, que alguien pida mi extradición.

4.       Saliendo de Ikea, en mitad de una disputa con el mueble que acababa de comprar: yo le pedía que saltase como una pulga dentro del coche y el se empeñaba en entrar como una novia recién casada (en brazos y con cariño), se me acerco un chico y İme cargo el coche! Puesto en perspectiva: los ingleses no tienen tantas desventajas como creemos. Es verdad que se pelan como un huevo si los pones al sol, beben un poco de mas y a veces sus estilismos dan miedo. Pero si encuentro uno full-equiped, que ademas de cargar el coche sepa montar el mueble y que encima me llame con 4 veces la frecuencia anglosajona (es decir, por lo menos una vez a la semana, no una vez al mes, que eso me recuerda a mi regla) me lo quedo.

5.       Subo a casa y se oye una puerta cerrarse y algo así como el contenido de un armario desastroso al más puro estilo película americana cayéndose por el suelo. ¿Es un pájaro?, ¿es un avión?, ¿es un terremoto? No, es mi vecino, que no solo es cotilla, sino torpe. Puesto en perspectiva: escuchar detrás de la puerta es internacional por mucho que nosotros pensemos que si los ingleses hablan susurrando, seguro que son tan educados que no escuchan detrás de las puertas. La experiencia me dice que hablan susurrando no para no molestar sino para que el cotilla de turno no les escuche!

¿Alguien tiene algún gran momento que le haya puesto su vida en perspectiva?

Lara Jones

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23/6/11

La princesita

Tantos años de jugar a las princesas (de pequeña, de mayor y entre medias) me han dejado algunas secuelas que aunque no me harán pasar la prueba del guisante (no es que no note un guisante, que es que probablemente tampoco notaría la pelota de Pilates grande), la del zapato de cenicienta (¿cómo voy a llevar un zapato de cristal puesto si rompo aproximadamente 6 copas al mes, la mayoría mientras no las uso?), ni la de la torre (el champú de pelo fino hace milagros pero no como para que alguien escale por mis trenzas) me sitúan como una clara candidata al trono. Claro que desde que Fiona la de Shrek e Internet aparecieron en nuestras vidas, ha habido algunos cambios y yo, elegantemente, he adaptado mi comportamiento a ellos:
v 
Yo soy la princesita que se bajo del coche en Ascot y mantuvo la compostura andando en mitad del fango, sin dar un traspiés, caerme de culo ni subirme a caballito en la espalda del primer desconocido que apareciese. Y también la que al volver al parking se puso unas zapatillas y movió todas las vallas porque mi real coche no podía salir por esas arenas movedizas.
v  También soy la princesita que, corriendo por el parque, se paraba delante de todos los charcos a coger impulso y saltaba tal cual lo haría Victoria Beckham (manos en alto, uñas apuntando todavía más alto, de puntillas y con cuidadito). Y la que volvió a casa llena de barro, orgullosa con un jugador de rugby y disfrutándolo como el niño del anuncio de Ariel (si, el que dan ganas de tirarlo y comprar uno nuevo en lugar de lavarlo).
v  Y  soy la princesita que decidió poner la fruta en una bandeja de tres plantas de té, porque, aunque no está científicamente demostrado, yo libero endorfinas cuando la veo y eso me ayuda a controlar el envejecimiento prematuro. Y la que va a toda pastilla por el super y firmaría para obligar a las personas que lo utilizan como  centro de ocio a usar señalización adecuada y situarse siempre en el carril lento (los castigos por incumplimiento no los he decidido pero creo que la Inquisición me podría dar alguna buena idea).
El mejor candidato a principe hasta el momento

v  También soy la princesita que apunta tímidamente con manicura perfecta en la carta del restaurante. Y la que horas antes uso la punta de esos mismos dedos para amenazar con un destornillador a la cómoda de Ikea.
v  Y soy también la princesita que salta hasta el techo si ve una cucaracha y hay alguien en las inmediaciones en el que delegar la gratificante tarea de deshacerse de ella. Y la que se ríe como la bruja de Blanca nieves mientras fumiga la casa y reconoce los cadáveres de todos esos animales de 8 patas en adelante.

Y aunque ahora ya no me valga mi traje rosa con estrellas de princesa, creo que mi comportamiento real y mi experiencia como reina de mi casa, me colocan como una fantástica candidata al trono, a la espera solo de que Prince Charming encuentre mi zapato, trepe la torre, compre los guisantes congelados de Frudesa y me despierte con el primer beso de amor (si, la Bella durmiente es mi favorita: ni nota guisantes, ni usa sus trenzas ni parece que los zapatos se le rompan o le hagan daño).

¿Alguna princesita más leyéndome?

Lara Jones

3/5/11

La boda real segun Lara Jones

Mi mente científica disfrutó como una enana la boda de Kate y William. Y es que fue toda una sesión de descubrimientos cómodamente sentada en un pub y acompañada de un séquito a la altura de las circunstancias, con los ojos secos de no pestañear y conectadas con España, no fuese que se nos pasase algún detalle.
Asi que al más puro estilo leyes de Newton o teoría de la relatividad, pero sin nombre oficial, paso a enunciar mis descubrimientos:
v  Casar a William no solo era una cuestión de estado sino de urgencia. Un par de años más y el brillo de su calva haría cualquier ceremonia no retransmisible por televisiones con el ajuste de brillo-contraste tal y como hoy las conocemos. De hecho, el cura astutamente cerro el negocio en los 5 primeros minutos de ceremonia para evitar arrepentimientos, mudas de pelo o alergias de última hora.
v  Lo que yo pensaba que era producto de la imaginación de Walt Disney, es en realidad el traje de boda estándar: chaqueta con detalles en dorado del color mas criminal y que menos favorezca para el caballero. Todo un test para la novia: si no sobrevive a eso es que realmente no quería ser princesa. Kate, querida, te queda todavía el capitulo falda escocesa.
v  La casa real también compra en Ikea y, de hecho, William pensó que estaba ensamblando mentalmente un armario de tres puertas con la llave estándar (enroscar en sentido de las agujas del reloj, no al revés que se nos desarma el invento), mientras le ponía a Kate el anillo. Evidentemente, ademas del Kama Sutra,  hay mas formas de combinar destornilladores y sangre azul en la misma frase.
v  Kate supero con nota la prueba más dura de la boda: bajar del coche estilo taxi británico que la llevó a la iglesia sin hacer sentadillas, poner el culo en pompa, necesitar impulso (o peor, que la empujaran), darse un cabezazo, perder los pendientes, el velo, la dignidad o la sonrisa, como nos pasa al resto. Intuyo que tamaña destreza solo se adquiere a base de duro entrenamiento y días interminables de ensayo. Y es que habría quedado feo caerse patas arriba al mas puro estilo Lady Gaga delante de todo el país.
Kate y William, claramente con mas pelo que en la vida real

v  La reina echo toda la carne en el asador para la boda de su nieto. El amarillo pollo horroroso que lucía no tiene otra explicación. Y justo cuando parecía que no podía empeorar, veo entre los asistentes dos señoras más con ese estilismo. Está todavía por confirmar si eran de la escolta real y pretendían despistar a terroristas potenciales o si las terroristas eran ellas atentando contra el buen gusto y tuvieron que ser desalojadas por los Geos.
v  Harry desciende de una estirpe de granjeros ilustres. Solo así se explica que con traje de gala llevase andares de leñador, que en el altar tuviese el baile de San Vito y que aun así nos pareciese encantadora su sonrisa cheeky.
Y ademas y sin bullet point dedicado: el hermano de la novia tenía una belleza entre abstracta e incomprensible (nos decepcionó a todas), Victoria Beckham se calzo 20 cm de tacón para ahogar su frustración por llevar un saco puesto, Máxima de Holanda llevaba un turbante que me tiene loca (junto con la jequesa de no sé donde que también lo lució la semana pasada), Belén Esteban esta que no cabe en sí de gozo porque el vestido de Kate es parecido al suyo y yo vi a la reina Sofía salir de Buckingham en coche y me hizo mucha ilusión.
Y ahora que hagan el favor de procrear, que no puedo esperar 8 años más para hacer un post sobre sus churumbeles.

¿Tú qué crees? ¿Tendré que esperar otros ocho años?

12/4/11

5 hábitos alimenticios ingleses que me matan

Como mudarse a Inglaterra es toda una experiencia y yo me pase los primeros meses más perdida que una paraguaya, he pensando que un pequeño resumen periódico de algunas facetas de la vida en la isla (que es casi como la de Supervivientes solo que aquí tenemos agua potable y mas ropa, aunque no signifique que los habitantes la lleven puesta) puede ayudar a muchas almas cándidas e inocentes en sus primeros meses. Así que esta semana empezamos por hábitos ‘alimenticios’:
1.       Les gusta tomar el café solos (con o sin leche).  Y es que la máquina de café nunca se sintió más sola ni mas desinformada, recibiendo visitas unipersonales con cuentagotas que como media se llevan 5 cafés. Adiós al canal informativo interno más importante de la economía española: si un ingles pregunta si te apetece un café, no te está invitando a una sesión de cotilleo privada, te está literalmente llevando el café a tu mesa.
El cafe nunca volvera a ser lo mismo

2.       La fruta en el super se pesa en caja. Adiós a esos agradables momentos dudando del tipo de manzanas que estas pesando, de esas ocasiones (todas en mi caso) en las que se te queda en ticket pegado a los dedos, de la batalla para despegarlo y que no se ‘arrejunte’ con el jersey antes de llegar a su destino final (la bolsa), a reimprimir porque aquello con las pelusas del jersey ya no pega. Aviso navegantes para las cajas automáticas: cuidado con poner el bolso por error porque se llega a pesos en toneladas en segundos por pequeños despistes.
3.       Las cucharitas se comparten. Así, sin notificación escrita ni nada. Si alguien  en la oficina prepara un café para el resto (que estarán sentaditos en silencio en su escritorio), no solo revolverá todos los cafés con la misma cucharita sino que la dejara en un vaso con agua para su reutilización. Porque el reciclado se puede aplicar a todas las facetas de nuestra vida.
4.       Comer sándwiches no es un castigo de Dios sino un regalo del cielo y forma parte de la comida oficial de mediodía: sándwich, patatas fritas y refresco.  Lejos de ser la señal de que tienes más trabajo del que puedes abarcar, esta bomba de relojería para tu sistema cardiaco no solo arranca ronroneos sino que provoca intercambios copiosos de información como  ‘los sándwiches del deli TAL son mucho mejores…’. No me digas… Espera que tomo nota.
5.       Ikea cuenta como restaurante para recomendar. Yo no sé si reaccionan peor ante el estrés de la batalla de ir a Ikea y pelearse con otras parejas para probar un sofá, abrir todos y cada uno de los armarios, explorar nuevas soluciones organizativas para las bufandas (mi parte favorita) y ser atropellados por 20 niños (ya encontré el atajo que hace que me salte esa sección, mis pies están super agradecidos) y eso les cambia el paladar o si de verdad, si estuvieran en su casa lejos de condiciones extremas elegirían algo del menú de Ikea para comer (excluyendo mesas y sofás). El caso es que no es la primera vez que me recomiendan ir a Ikea a comer albóndigas. Si mi madre se enterase…
A mí me parecieron todas bastante sorprendentes. ¿Cual es tu favorita?
Lara Jones