15/2/11

Ejercicios de iluminacion

Lo bueno de los días inesperados de vacaciones es que como tus amigos están todos trabajando tú te puedes dedicar a tareas de lo más gratificantes: cambiar de médico, quejarte a EasyJet y encontrar el contador de la luz por el que te quieren cobrar como si estuvieses iluminando todo Chelsea y no tu coquetísimo apartamento de 2m x 2m.

El caso es que ha sido toda una experiencia. Empezando por llamar a la compañía eléctrica que me confirmó por vigésimo quinta vez que tiene pinta de que el contador en si mismo existe mientras piensan en editar un libro de instrucciones de 400 páginas con DVD explicativo para torpes sin fronteras, asociación para la que yo me estoy ganando a pulso el puesto de presidenta. Y siguiendo por bajar al cuarto de contadores. Lo peor del cuarto de contadores no es que tenga una puerta que parece que lleva directa a una película de terror. Ni que mi hermana averiguase que mi vecino, si, si, el que se pasea en calzoncillos con la camiseta interior metida por dentro y calcetines hasta la rodilla y parece hermano del asesino de psicosis ,lava la ropa en una lavadora que casualmente esta estacionada allí. Ni que las arañas sean más grandes que los ferries que unen Dover con Calais. Lo peor es que no existe un solo ser humano familiarizado con este modelo de contador. Porque evidentemente, todos los que los fabricaban o conocían murieron de viejos hace al menos 50 años.

Maniobra de aproximacion al cuarto de contadores
Y es que si no llega a ser porque el cuarto se llama cuarto de contadores, igual hasta llamo a la tele pensando que acabo de encontrar un proyectil de la primera guerra mundial. Es que hasta me imaginaba en las páginas interiores del diario del metro poniendo “casa de ciudadana de medio pelo” y señalando orgullosa el objeto de la situación más apasionante de mi vida.

El caso es que pasé 15 minutos angustiosos contando los contadores, comprobando números de serie y fundamentalmente rezando para que el ruidito de cuenta atrás de bomba que hacia uno de los artefactos no llegase a cero mientras yo intimaba con las arañas. Y al final allí estaba, al final del cuartito, para añadirle emoción al asunto, y sorprendentemente nuevo. İEs que hasta era digital!!

Así que con los deberes hechos, satisfecha por haber perdido la presidencia de la asociación de torpes (sinceramente espero que alguien se la merezca más que yo) y con el numerito de lectura en la mano y la prueba de que no ilumino Chelsea sino mi mini apartamento, subí de nuevo a mi casa. ¿Quién no se ha sentido feliz después de superar una prueba del destino? Aunque sea encontrar el contador de la luz :).

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