Reconozco que a veces necesito un antídoto a la vida diaria. Y es entonces cuando decido cortejar a mi pamela y llevarla a sitios bonitos. Asi que este año, para cambiar el fondo de las fotos, me decidí por Ascot. Desde la distancia y según los periódicos todo un antro de perversión de elegancia y refinamiento, al aire libre. ¿Se podía pedir más? Pues si, a poder ser una crítica objetiva.
Porque si omitimos las señales que durante días estuve recibiendo, al más puro estilo Harry Potter, y que decidí obviar, como que el tren estuviese lleno de bombines (¿pero no tienen coche de gasolina, de caballos o nave volante?) o que hubiese una pelea el día anterior (¿esta no era la nacionalidad del saber estar?) hay unos cuantos hechos que hicieron que permaneciese allí un total de hora y media y que acabase prefiriendo ver un partido de futbol en la sección de Hooligans, en el momento de estampamiento de botellas en las cabezas disponibles en los alrededores que quedarme allí.
Y es que bajarse del coche fue todo un reto. No tanto por nuestros altísimos tacones sino porque a nadie se le ocurrió que podría llover. Total que tuvimos que ir parking (campo) a través hasta el recinto, clavando nuestros tacones cuando podíamos en el barro (el resto del tiempo fue una mezcla de Aterriza como Puedas y patinaje artístico). Llegar a la entrada y descubrir horrorizadas los picnics que había por todas parte con las sillas de plástico blancas del Carrefour (las de 5 por 2 euros) al más puro estilo familia choni el playa fue decepcionante. Pero lo que de verdad casi nos causó un infarto no fue ni que hubiese alguna chica que pasease descalza entre el barro, ni que la gente se trajese la caja de fresas de Tesco (con el plástico y la etiqueta incluida) y la aparcase al lado del Moet ni que algunos espontáneos se pusiesen bolsas transparentes de plástico encima por si llovía, ni que los hombres pareciesen decididos a poner a prueba nuestra elegancia ocupando los poquísimos pasillos con algún tipo de pavimento. Lo peor fue cuando pensando que estábamos pisando en uno de estos pasillos, İnos hundimos en el fango! Y ese fue el momento. Como en las películas románticas en las que una mirada marca un antes y un después, nuestra toma de contacto con el barro, metido hasta el talón de los zapatos, inicio la retirada. Porque al final, las carreras eran entretenidas pero estábamos rodeadas de chicas chillonas aderezadas con panelas y taconazos cubiertos de fango (quien diga que los ingleses son silenciosos que se pase por Ibiza o en su defecto por Ascot), el horizonte se cubría de sillas de Carrefour, no alcanzábamos a ver más de medio metro por delante nuestro porque un pequeño descuido y desapareceríamos en este campo de arenas movedizas, y como llegamos por la tarde, el personal ya estaba tan borracho que la única diferencia con los hooligans de pura cepa era el bombín.
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| Lo bonito de las fotos es que te puedes perder los detalles |
Asi que, sintiéndolo mucho por los ingleses, punto positivo para los partidos de polo y las regatas de Henley y punto super negativo para Ascot, porque por mucho que se llame Royal, le pirrie a la Reina y, posiblemente, Harry (mi Harry) estuviese por allí no hay ni una sola libra de la entrada que no merezca ser reclamada por fraude, peligro para la salud pública, daños materiales, daños emocionales y, en general, por haberme obligado a declarar mi tarde y mi outfit zona catastrófica.
Lara Jones
