Me pase toda mi infancia leyendo y releyendo Blancanieves, Cenicienta y mi favorita, la Bella Durmiente. Bambi y el Rey León, nunca los acabé porque se morían los padres y, junto con la Gallina Coco Guagua, solo el principio de los cuentos ya me ha causado secuelas irreparables. Me pase la adolescencia, que me ha durado hasta ayer, viendo el primer beso de DJ en Padres Forzosos, California Dreams y todas las demás series de adolescentes ñoñas. Y ahora me encanta ronronear con el gatito Jones viendo pelis empalagosas los viernes por la noche. ¿Y todo para qué? Para que a la hora de la verdad los gestos románticos me hagan saltar las alarmas al más puro estilo prisión de alta seguridad con Al Capone en desbandada.
Y es que:
v Si un chico me llama de forma consistente me extraño (será una ricura pero yo soy una mujer de proceso y, acostumbrada como estoy a que llamen una vez al mes, como mi regla y a veces incluso sincronizada con ella, si me llaman de mas, me despisto). Y si llama menos de tres días después de la última vez que quedamos empiezo listar todos los defectos potenciales porque este nivel de atención solo puede estar justificado por mercancía defectuosa a la que hay que dar salida.
v Me preocupan las historias reales de película romántica en la que un desconocido te observa y te sigue porque está enamorado platónicamente de ti. ¿No será un lunático? ¿no tendrá su salón empapelado con fotos mías bajando la basura en pantuflas, cargando con mis ojeras al gimnasio o arrastrando el transporting del gato al veterinario? ¿No sere yo la oportunidad de su vida (joven, guapa, despistada y sin abuela) para llevar a cabo sus oscuros fines y acabar inspirando una peli mas de bajo presupuesto para la sobremesa de Antena 3? Vamos que el día que por fin se presenta y me invita a un café, en lugar de sentirme halagada me pasa la vida por delante, llamo a mis padres para decirles que les quiero y mando un mensaje a mis amigas para que cuiden del gatito Jones si me pasa algo (como cuando fui a clases de autoescuela que hice broadcasting del numero del profesor, por si las flies).
| Cada vez me parezco mas a Lady Gaga, sobre todo en lo gaga que estoy |
v Calculo el Retorno de Inversión (ROI) por cada cena a la que me invitan y estimo el break even point. Y es que desde que leí una entrevista en la que los hombres dejaban de llamar a chicas con ROI bajo (y no hablaban del tiro del pantalón precisamente) no puedo evitar tener malos pensamientos cuando me enfrento a una cena cara.
v Si me envían flores empiezo a revisar las últimas acciones del susodicho en busca de algún desliz que perdonar o, en su defecto, valoro seriamente llamar al registro civil para comprobar que no está casado.
v Y si el interesado aparece en mi casa sin avisar, İpara que queremos más! Seguro, ahora sí que sí, que soy su víctima ideal. Ademas este al revés del psicópata que te cuenta que te ha observado durante semanas, ha sido lo suficientemente cuco para no contármelo, hacerse el encontradizo, crear un vinculo de confianza a base de cafeína y tarta de chocolate, que no solo me ha hecho bajar la guardia sino demostrar que claramente tengo la cabeza en Villadiego, calcular cuando estare en casa (para lo que se necesitan integrales, derivadas y varios logaritmos neperianos) y ademas esperar a que se jubile Paco Lobaton.
Y me pregunto yo, ¿soy la única que se muere de miedo cuando la escena de la peli americana con el chico canon romantico se convierte en realidad?
Lara Jones
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