30/4/13

Adios cole...


Mi intuicion femenina y un amplio revuelo en Facebook, Interviu y posiblemente algun blog mas que aun esta por descubrir, me dice que el colegio en el que estudie esta a punto de cerrar.

En un momento de nostalgia contenida (o mejor, no contenida en absoluto) me pase por la pagina web, para encontarme un monton de fotos de pizarras electronicas mientras mi mente flirteaba con las rayas de la camiseta de deporte de los 80, el chandal del uniforme de tactel de los 90 y un monton de recuerdos educativos mas que intuyo que no concuerdan exactamente con lo que los profesores se esmeraban en enseniarnos. A saber:

·        Las clases de quimicas, que aparte de un monton de conocimientos sobre moleculas de oxigeno, hidrogeno, carbon y el resto de la tabla periodica viviendo la vida loca, se resumian en hacer la competencia a las avestruces de la forma mas atroz: ‘A ver, problema 1, quien quiere salir a la pizarra?’, y, de repente, todo el mundo tenia la urgencia de atarse los cordones, tirar y recoger el lapiz del suelo o de atusarse las plumas. La cosa llegaba hasta el punto de que yo hacia los deberes y estrategicamente estiraba el cuello como las jirafas para salir a la pizarra en el problema que sabia que estaba bien para evitarme contar los baldosines del suelo el resto de la clase.

·        Las clases de historia, que me dejaron pasmada con una sola frase: ‘la gente se mueve por el estomago’. Y ahi me di cuenta de una gran verdad: si sigues a un filete, puedes escribir la historia. Porque si hay filete, tienes paz. Si no hay filete, guerra. Si el que reparte el filete se queda con el trozo mas grande, adios al sistema feudal. Y si te das el filete… eso es otra asignatura…

·        Las de musica, que se repartian en las soporiferas clases de historia de la musica y las clases de musica, musica. Ahora que el delito ha prescrito, dire que en mis clases de historia reales habia casi tantos filetes como chuletas en las de historia de la musica. Y mira que yo soy muy practica y siempre decidi estudiar, porque tardaba menos en aprenderme la leccion que en adquirir la destreza requerida para hacerte chuletas tatuando el boli, pegandotelas en la manga o sacando el estuche de lapices carcomidos. Pero los examenes de musica… digamos que alguna vez acabe jugando a las avestruces con mi compi de pupitre porque nuestra inexperiencia en el mundo de las chuletas acabo en busqueda desesperada por los suelos. Y de las de musica real, solo decir que me acuerdo mucho del ‘tu-tu-tu’ de la flauta y del goteron de saliva que seguia a muchos de estos musicos amateur.

·        Las clases de filosofia, con esos grandes pensadores y esa mini-profesora que tenia un halo magico alrededor. Siempre pense que si le poniamos alas se convertiria en Campanilla.

·        Las clases de biologia, que deberian haber empezado en lugar de con el aparato digestido de los rumiantes y sus digestiones rozando la bulimia, con el hecho que mas me intereso en esos largos anios de clases y que solo descubri en el ultimo anio antes de la Universidad: las moleculas de colageno no pueden atravesar los poros de la piel, son demasiado grandes!!! Si hubieramos empezado por ahi y no por la fotosintesis, seria ahora misma doctora en el tema. Como empezamos al reves, estudie ingenieria.

·        Las clases de lengua, de  las que siempre quise excluir todo el contenido que incluyese las palabras ‘sujeto’, ‘predicado’ y ‘complementos’ (hay alguien que pueda decir con el corazon en la mano que le gustaba en analisis sintactico?) y a las que siempre agradecere que nos enseniasen a conjugar verbos, sobre todo el imperativo, primero, para que no pareciesemos unos catetos y, segundo, para que identificasemos a los catetos y no nos casasemos con ellos.

·        El comedor del colegio, gracias al cual como lentejas incluso si no estan hechas por mi madre; no mezclo jamas las patatas con el filete (un filete diferente al de las clases de historia); no como pan (porque si te lo comias, no te terminabas la comida y no habia patio) y lo que es peor, me paso la vida echando de menos sus albondigas. Alguien tiene la receta?

Y, por supuesto, un monton de asignaturas mas; el almacen, donde comprabamos los cuadernos, los libros y el Tipex (los ninios de ahora con el iPad se van a perder uno de los grandes placers de la vida; los autobuses del cole y los capones que nos llevabamos por ir de pie, pegandonos, haciendo ruido o  una mezcla de las tres; la megafonia llamando a recepcion a los que se portaban visiblemente mal o se daban el filete; la megafonia llamando a lo que vendria a ser ahora el Facility Manager o lo que antes era el chapuzas para arreglar los desperfectos que con tanto carinio causabamos; las clases de natacion en las que habia una incidencia inusualmente alta de ninias con periodos de mas de treinta dias; los setos del jardin que al parecer escondian un monton de secretos (de los que yo me entere anios despues porque yo andaba en la parra hacienda mis deberes de quimica para salir a la pizarra cuando a mi me venia bien); las bellotas de los arboles y esos gusanos blancos tan bonitos que vivian en ellas y, para terminar, los profesores que tenian mas paciencia que el santo Job y se vengaban con pequenios placeres como hacer rutas en coche en los alrededores del colegio para llamar a los papas de las criaturitas que decidieron que estaban en su dia de suerte y no les iban a pillar haciendo novillos.  

Lara Jones

PS1 – Para la tranquilidad de los profesores, durante las clases no solo me dedique a coleccionar estas observaciones sino tambien a aprender el contenido (excluyendo historia de la musica).

PS2 – Mil disculpas por la ortografia. Mi ordenador no tiene configurado el idioma espanol y este es el resultado de la batalla campal para mantener las palabras lo mas parecidas a las reales con un teclado que no ayuda y un corrector ortografico que no colabora.

27/3/13

Adoro la semana santa


Me encanta la Semana Santa, porque a pesar de que los anios de Marcelino Pan y Vino, Benhur y las procesiones de rigor estan en un pasado lejano (o quizas precisamente por eso, porque, por Dios santisimo que aburrimiento de television…), los dias de fiesta que tanto necesito con mi nuevo trabajo tienen un monton de pequenos placeres ocultos:

·        Las vacaciones en si mismas: levantarte a las 8 en lugar de las 6 de la manana, porque yo tengo un resorte en el colchon que a partir de una hora determinada me escupe y lo peor es que me gusta y en dos minutos estoy cantando en plan el canario de la vecina. Lo siento por el resto de los vecinos, la vida es dura y la melodia de mi voz no la hace ni un poquito mas facil (es lo que tiene no tener oido ni voz ni verguenza).

·        Los huevos de chocolate. Y es que a falta de monas de Pascua (lo que las echo de menos, me las puede enviar alguien) buenos son los huevos de chocolate que llevan en las tiendas un mes. La idea inicial era comprarlos y guardarlos para las fiestas pero cuatro paquetes de mini-huevos despues creo que es mejor aceptar la derrota, sacar el panuelo blanco y seguir rumiendo el chocolate a dos carrillos.

·        Las vacaciones de los ninos. Yo en particular no tengo ninguno y aunque sospecho que durante mis propias vacaciones la densidad de ninos por metro cuadrado probablemente me destrozara los nervios, la paz interior y los resultados de mis ejercicios de relajacion, reconozco que ahora que ellos estan de vacaciones y sus padres tambien y yo no (porque en Londres nasti de plasti hasta el viernes) disfruto todos los dias de la felicidad de tener asiento en el tren (dos grandes ventajas: no te salen varices y tienes asegurado el espacio necesario para seguir respirando con normalidad).

·        Tener tiempo para ir a la peluqueria. No el acto en si mismo, que me parece una perdida de tiempo, sino la tranquilidad mental que no ire a la boda de mi amiga, llamemosla X, con los pelos de la bruja averias.

·        La obligacion de brunch y del asado de los domingos. Porque si hay que desayunar huevos revueltos con bacon, pues se hace el esfuerzo. Y si hay que comer cordero asado, pues tambien. Y para remate, como me siento abandonada por mis amigos que han decidido irse de vacaciones mientras yo mando de vacaciones eternas a mi actual fregadero y desescombro mi entrada (donde reposa el nuevo fregadero desde hace 3 meses), pues toca jornada mexicana el sabado noche: quesadillas, tacos, chile con carne… Una pena que todos los invitados sean virtuales via Whatsapp.

·        Tiempo para limpiar el armario. Porque reconozcamoslo: hay muy pocos seres humanos que se haya constatado empiricamente que son humanos que sigan la regla de tirar una cosa del armario cuando compran algo nuevo. Yo personalmente tengo mas el sindrome de Diogenes, lo que significa que tendre que hacer un gran esfuerzo para tirar las dos cajas completas de pijamas viejos que mi madre, que posiblemente comparte enfermedad conmigo, me convencio para no tirar por si un dia se le olvidaba a ella el pijama en Madrid (que digo yo que tambien podemos ir a Primark a comprar uno por 8 libras…). Asi que me toca limpiar, tirar todo lo necesario y sobre todo lo innecesario y hacer espacio para todas las cosas buenas que la vida me tiene preparadas (esto es de tipico manual de coaching, que traducido a mi idioma significa que no tendre que volver a poner cara de limon en una temporada cuando intente meter a presion una prenda mas en el armario.

Y de las cosas que no me gustan, sobre todo por el desgaste mental, son las fotos en Facebook de toda la gente que lleva unos dias de vacaciones y tienen la necesidad imperiosa no solo de irse a la playa sino de compartirlo con todo el mundo y poner la guinda preguntando que hacemos los demas! Pues poner fregaderos, limpiar armarios y ahogar las penas en comida mexicana.

Sin acritud J

Lara Jones

6/3/13

Y que no me guste viajar


Como una es un ente poco glamouroso, de las que esta con Dorothy (de El Mago de Oz) en que se esta en casa como en ningún sitio, conteste super risueña a una de mis amigas que mi plan de viaje para 2013 era quedarme en casa. Y las dos nos miramos con estupefacción: ella porque recorre el mundo con los conquistadores españoles del siglo XV (exceptuando la parte del caballo… Y la de la espada también) y yo porque solo de pensar en sus planes de viaje, me empiezo a marear y solo puedo decir ‘ay, que”gomito”’, como cuando tenía 3 años.

Y es que a mi me encantaría viajar, si y solo si (como en clase de mates):
·         Me pudiese tele-transportar. Un hago chas y aparezco a tu lado, al mas puro estilo de los años 80. Porque cuando viajas entre que haces la maleta, llegas a la estación/aeropuerto y luego te transportas en medio centímetro cuadrado, con tus rodillas intimando con las de tu compañero (desconocido) de asiento.
·         Me pudiese volver a dormir a casa. Porque me encantan los armarios de los que te puedes pasear dentro, tener ducha y bañera y que todas las luces enfoquen donde deben. Pero reconozco que después de 10 minutos de entusiasmo por esos pequeños lujos, yo lo que quiero es dormir con el gatito Jones, darme algún paseo furtivo al frigorífico y ponerme los calcetines de dormir que me deje en la maleta.
·         La sensación térmica cuando aterrizo es la misma que en las fotos. Y es que yo cuando viajo, acabo sintiéndome como una mujer menopáusica: con unos sofocos increíbles en los sitios donde la foto ensenaba un paisaje con sol y casi perdiendo el conocimiento en los sitio con nieve. Asi que, por favor, a poner el mundo a 20 grados que desde que vivo en Londres no tolero mucho mas.
·         La comida local es la comida de mi madre. Y es que no hay nada peor que irse de viaje y acabar con el estomago del revés por la comida de los lugareños. A mí esto con lentejas con chorizo no me pasa así que voto por ellas en todos los rincones del planeta (cocinadas con agua limpia eso sí, que el marrón de la salsa no es del agua de lavarse los pies) aunque en su lugar, acabo siempre en McDonald’s, que siendo prácticos, la comida es la más segura del planeta aunque solo sea para evitar daño de marca.
·         Me puedo volver cuando quiera. Porque no hay nada peor que cuando estas de viaje, ya estás un poco hasta las narices de echar de menos los calcetines de dormir y las lentejas y echar de mas los sofocos y la penuria de cualquier medio de transporte, y darte cuenta de que todavía te quedan tres días a menos que estas dispuesta a empeñar un par de órganos vitales para volver a casa… Un dolor…

Y por supuesto tengo que acabar con las cosas que adoro de los viajes: el buffet de desayuno!!! Eso no me importaba que me lo trajesen a casa, a poder ser con un mayordomo incorporado que me limpie la habitación y si va justo de tiempo, mejor que se encargue solo de dejar como un espejo la cocina.

Lara Jones

PS Mil disculpas por el retraso y por no dejar comentarios en otros blogs con la misma frecuencia de antes. Sigo trabajando 12 horas al dia, en cuanto la situacion se normalice todo volvera a ser como antes.