Como dice un anuncio de chocolates, la vida está
hecha de pequeños placeres. Y aunque a mí me gustaría que fueran bastante más
grandes (los placeres al contrario que los perfumes si vienen en frasco grande
en forma de jubilación anticipada unos 35 años antes de tiempo mejor), me he
visto obligada a conformarme con mis pequeños placeres diarios:
v El café de por la mañana. Porque
da igual que sea diurético, que no haga ningún bien a mi piel ni a mis órganos
internos, que el médico me pregunte si tomo café como si vendiera droga a
menores de edad, que objetivamente sepa mal, que le tenga que poner azúcar y
leche para tolerarlo o incluso que en mi oficina sea de mentirijilla, o sea
soluble. Lo necesito, me gusta y ese primer sorbo me devuelve a la vida.
v La ducha calentita después de
desayunar. Murphy, chínchate he encontrado como evitar mancharme con el
desayuno. Como estoy en pijama no tiene interés. Y contra el agua calentita de
la ducha y el gel de fruta de la pasión no hay nada que puedas hacer.
| Somos o no somos todos un poco como el? |
v El momento maquillaje: porque
adoro verme por la mañana despelujada y sin arreglar y conseguir en media hora
estar duchada, con el pelo colocado y mi mejor cara. No es que la gente en el
tren lo agradezca, pero a mi sentirme una chica L’Oreal me sienta
estupendamente
v Salir del trabajo, porque si
entrar no me produce gran excitación, salir y pensar que mi tiempo es para mí
me hace comportarme como si estuviera en el señor de los anillos: mi tesoro.
v Taparme y apagar la luz: porque
de verdad que es de los mejores momentos del día, cuando estas ultra cansada,
desmaquillada, con tus cremitas puestas y calentita… Te tapas, apagas la luz y
a disfrutar de tu ultimo placer del día. Dormir para muchos… O lo que sea J.
¿Algún pequeño placer que se me escapa?
Lara Jones