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13/12/11

Como hipocondriaca reconocida, mi gimnasio no me podia hacer mejor regalo que un chequeo de salud: Yupiiii!!! Me iban a confirmar si tenía alguna enfermedad terminal asintomática, que son las que mas miedo me dan porque síntomas, salvo de sueño, no tengo de nada.
Asi que el jueves pasado, después de mi sesión de pinto y coloreo en las paredes de mi salón, que yo entendí que no estaba dentro de la categoría de ‘ejercicio extenuante’ que tenia prohibido antes de la revisión aunque a mí me dejo solo útil para sopitas y buen vino, me fui a mi chequeo.
Y como suele ocurrir en estos casos, el médico que tienes que ver a menudo, o sea mi medico que cabecera o el santo barón que lidia con mis ‘estoy cansada, ¿no será algo maligno?’ (si el pobrecito supiera lo poco que duermo igual en lugar de análisis de sangre me mandaba de vacaciones), te toca bajito, feo y despeluchado. Y el médico que solo ves una vez en la vida (o sea el del gym) es como mi armario de 2mx2m pero en lugar de puertas de espejo, musculo forjado.
Y el reconocimiento, como siempre, aburrido: las mismas preguntas que me hace el banco, el seguro y mi madre me las hace el médico: que si me encuentro bien, si siempre me acuerdo de comer, beber y sobre todo respirar, si tengo antecedentes (mi madre lo sustituye por ‘¿y quienes son los padres de este amigo tuyo?) y entonces… toca tomarme la tensión!! Como mujer precavida vale por dos y Lara no vale por ninguna, por supuesto, que lleve una camiseta con reto de ‘arremangamiento’ incorporado. Y como yo soy de las que creo que los médicos junto con los padres y los ángeles no tienen sexo pues pensé, casi que me la quito. Y a ello me dispuse, porque yo me despeloto con una facilidad pasmosa delante del personal hospitalario, eso sí con cuidado, porque los cuellos vueltos son muy traicioneros.
Nature Guy
Una copia exotica y soleada de mi medico

El caso es que como a mitad de operación, veo unos aspavientos a mi alrededor. Y es que se me olvido: que esto es Inglaterra, que aquí si te quitas la ropa en el médico le puedes denunciar y, de hecho, ganar el juicio y salir no solo forrada de borreguito sino de pasta.
Asi que, aunque consciente de que mi estado de salud se iba a deteriorar rápidamente, especialmente si se me gangrenaba el brazo durante la toma de tensión, no tanto por el aparato en sí, que mi brazo ya está en sobre aviso  y no se despeina de la impresión, sino por el ‘arremangamiento’ contra la salud pública cuyas consecuencias finalmente fueron solo perdida de sensibilidad temporal en los 20 dedos de los que soy propietaria (5 por causas directamente atribuibles a las situación y 15 por solidaridad) accedí a comportarme de acuerdo con los estándares ingleses y sacrificar mi salud (¿pero yo no iba para mejorarla?) a favor de la salud, sobre todo mental, de mi médico.
El caso es que después de pesarme, medirme y tomarme las pulsaciones (con pulso metro, que así el reloj puede estar a 5 metros y no es denunciable) y cuando mi sueño de un mes gratuito de gimnasio si mejoraba mi salud en 3 meses se desvanecía (porque estoy más sana que el 90% de las mujeres d emi edad, manda narices, con todas las enfermedades imaginarias que tengo), el médico con todo su aplomo me dice ‘nos vamos a tomar algo esta noche?’. Pues mira, casi que no… Porque después de venir con los pantalones medio caídos enseñando parte de mis interiorismos porque estaba acabando de pintar una esquinita del salón y se me hizo tarde, el intento de despelote fallido y la confirmación de que mis genes son de primera (sana como una manzana) no necesito dispararte ninguna feromona para que tu pienses que esto es Jauja. Y aunque Jauja está muy bien, yo lo que necesito ahora mismo es un Patxi, el de Bricomania, que me pinte, coloree, me taladre la pared, construya muebles y si puede ser después hasta limpie.
Asi que les di un silbidito a mis deditos insensibles y nos fuimos todos a casa. Y es que Prince Charming tendrá que esperar: Yo quiero un Patxi!
Lara Jones
P.S. Estoy inscrita en el concurso de Blogs de 20 Minutos. Si te gusta mi blog, vota por mi!

24/2/11

¿Hipocondriaca yo?

Esta mañana he ido al médico. En realidad yo solo iba a cambiarme de médico de cabecera pero como aquí son tan pomposos, tuve que pasar por toda una rueda de reconocimientos que incluye actividades tan placenteras como transportar mi pipi en el bolso y el pánico que eso conlleva (entre rupturas potenciales del frasquito e ir a pagar con él por error).

El caso es que cuando me tomaron la tensión, la enfermera me pregunto si me encontraba bien. Yo que no había desayunado y andaba fantaseando con merendarme a algún niño de la sala de espera, mojadito en café, eso sí, pensé que estar a punto de desmayarme era parte de la situación. Pero cuando me pregunto de nuevo, me empecé a preocupar. Y es que yo que no soy nada miedica (una vez fui a urgencias porque se me había clavado en la garganta una mini espina de sardina pensando que se me iba a infectar y probablemente tendrían que amputar) de repente encontré que mis uñas resquebrajadas seguramente eran síntoma de falta de alguna vitamina sin la que no se puede vivir mucho tiempo (y yo llevaba tres meses ignorándolas, tic tac, tic tac); el dolor de cabeza, algún alien maligno creciendo la velocidad de la luz; el dolor de riñones, lejos de ser causado por mi cama Zen, era el manifiesto de una escoliosis inoperable; y el ojo de gallo que me quite del dedo pequeño del pie hace tres días... pues no lo sé pero seguro que estaba colaborando activamente a alguna de las múltiples enfermedades.

Dulces y otras medicinas



Después de unos momentos muy angustiosos en los que la enfermera es esforzaba en repetirme que no era nada importante (me pregunto si sospecharía tanto como yo del ojo de gallo) salí de la consulta para pedir cita con mi nuevo medico. Segura de que el actuaria raudo y veloz ante mi cuadro sintomático y que me dirigiría eficazmente hacia el neurocirujano, el traumatólogo, el podólogo y potencialmente el psicólogo, deje el centro de salud feliz y con aproximadamente 5 enfermedades más de las que entre.

Como ya no tenia ningún sentido preocuparme por el colesterol, hice una paradita para comprar un par de donuts rellenos de mermelada. Yo no sé si era yo la que tenía hambre, mis riñones, mi cabeza o mi ojo de gallo, pero el caso es que estaba como nueva a los 5 minutos. Sin ni un solo achaque y tres citas con el médico a las que asistir. Glupsss!

Lara Jones