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14/7/11

Bricomania v 1.0

Cuando me independice hace un año y medio,  tenía serios temores de convertirme en Bree de mujeres desesperadas (el hecho de que me salga mejor el magret de pato con cebolla caramelizada que el arroz hervido ya apunta maneras). A estas alturas creo que me estoy convirtiendo en una mezcla entre Bree (maruja perfeccionista), Lynette (desesperadamente intentando aprender) y Paquito, el que hacia las chapuzas en el colegio donde estudie (lleno de pelos, con un mono azul y unas herramientas irreconocibles en la mano).

Y es que mis conocimientos sobre quitar manchas o alta cocina darían para escribir un blog sobre el tema y mis soluciones estrambóticas a problemas diarios para alimentar unos cuantos videos en YouTube. Yo soy la que apagó soplando la alarma de incendios, pegó con superglue la percha del armario (en lugar de hacer un taladro como claramente indicaban las instrucciones), descubrió que el atún en el microondas es una cena de lo mas sana, relleno el agujero en la pared con pasta de dientes y utilizo quitaesmaltes para limpiar una mancha de pintauñas rojo en la moqueta (estoy todavía  a la mitad así que si alguien tiene una solución, que me envíe un email urgentemente). Y también soy la que un día se encontró de rodillas frente al frigo intentando recolocar un muelle con un martillo, un destornillador, una llave y unos alicates (sin tener ni idea de para qué sirve ninguno de ellos).

Creo que aqui es donde yo deberia estar en lugar de en mi casa juugando a Bricomania
 
Ese día marco un antes y un después en el calendario. ¿Cómo he llegado yo a ser propietaria de semejante arsenal? ¿Para que lo quiero si no se utilizarlo? ¿Por qué amenazo al muelle con un martillo si lo que realmente quiere es tomar a mis unas como rehén? ¿Cuando he alcanzado yo este momento de optimismo extremo en el que creo que sin tener ni idea de cómo se monta la sorpresa de un huevo kínder me siento capaz de arreglar la puerta del congelador?

El caso es que después de dos momentos de reflexión de rodillas encontré la luz en mi camino: antes de que hubiese victimas era mejor guardar el armamento pesado y rellenar el hueco de la puerta de congelador con papel de periódico. Asi por lo menos minimizaba el riesgo de que me creciesen pelos en la espalda y un mono azul y limitaba el riesgo a convertirme en Lynette Scavo y Bree Van de Kamp. Ahora solo me queda elegir si quiero ser rubia o pelirroja.

¿Con cuál te quedarías tu?

Lara Jones

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