31/3/11

Salsa, salsa, esta noche salsa

Uno de mis core values es ‘aventura’. Y como la verdad la jungla me queda un poco lejos, seguro que está llena de bichos y, posiblemente, sea merendada según ponga un pie de mis recién estrenadas botas Wellington (ir equipada para no mancharte los calcetines es lo primero), decidí que ir a clase de salsa era una experiencia similar solo que cambiando los moscones por city animals, los tigres por la variedad europea de ciudad  y sin mojarme (a menos que hubiese goteras).
Tengo que decir que aunque me sentí un poco intimidada cuando vi a las chicas poniéndose zapatos de bailar (para luego descubrir que estaban en el mismo grupo de principiante que yo), respire bastante tranquila cuando quitaron la música y dejamos de hacer una coreografía estilo Zumba que acaba siempre con mis patas como las del pulpo de la Sirenita, es decir, desparramadas por todas partes.

Mi clase de baile (en mi cabeza), la realidad puede ser un poco distinta


Y aunque el primer minuto sin música implicaba dejar que me cogiese las manos un desconocido (con lo que me cuesta a mi entregárselas a conocidos) y, según testigos presenciales, ese primer momento provoco una cara al más puro estilo gato persa receloso, nariz metida para dentro incluida (la parte de los pelos maravillosos me la salte pero me habría encantado) todo fue bastante bien en cuanto me di cuenta que solo necesitaba contar hasta 7. Y que en lugar de multitasking intentando mover todas esas extremidades, que al principio de la clase eran solo dos piernas y dos brazos pero que cinco minutos más tarde, eran una cantidad parecida a las patas de una araña y toda su camada de crías, era mucho más productivo solo mover los pies.
Y la verdad es que al cabo de una hora, un par de traspiés propios, un par ajenos, un ejercicio concentrado para no morirme de la risa y el descubrimiento de que el profesor calvo anti lujuria era Ken el de Barbie cuando bailaba salí del pub feliz como un regaliz.
¿El secreto? Me habían cogido la punta de los dedos. Hacia taaaannnnto tiempo.....
Y a ti, que actividad te ha hecho volver sonriendo a casa?

Lara Jones

29/3/11

Las calamidades de mi vida

La fama cuesta y la supervivencia mas. Sobre todo la del sistema nervioso que tiene que lidiar con un ejército de fuerzas cósmicas dispuestas a destrozarlo sin piedad. ¿A qué calamidades se enfrenta una mujer moderna? Yo he hecho mi propia lista:
v  Los Kleenex quieren jugar al escondite. Y por supuesto siempre es justo cuando acabas de terminarte un donuts con 2 toneladas de azúcar por encima, tienes la cremallera del bolso cerrada, los dedos declarados zona catastrófica y el forro del bolso rellenando el formulario para ser declarada como tal ante la inminente tragedia.
v  El revisor del tren decide hacer su trabajo y, por supuesto, te pilla con el esmalte de uñas fresco y el billete en paradero desconocido (que es lo que tienen los bolsos sin fondo, que sólo Mary Poppins sabe si lo que buscas sigue en este universo o en uno paralelo). Por la cara del revisor, la satisfacción de ver como mis uñas degeneran hasta que parece que me las ha roído un castor y se me ponen pelos de pelea de gatas del estrés no tiene precio.
v  Las medias sacan su lado competitivo y deciden superar al atrapa polvo (ojo, no polvos, polvo en singular, sin connotación erótico-festiva ni éxito-sexual). Y yo, por supuesto, pongo mi granito de arena: desde que tengo moqueta all over, mi ritual de belleza mañanero incluye ponerme mis calcetines de ski sobre las medias. Resultado: 30 segundo makeover en la oficina para dejar de parecer la mujer Barbuda gracias al legado de mis calcetines.
Consecuencias de las calamidades diarias

v  El mundo gira y gira pero tu brújula interior es estática, no entiende de polos (la explicación de los polos opuestos la he dejado para las medias naranjas en caso de que algún día puedan producir energía magnética) y tu no entiendes de direcciones. Así que el tiempo entre aparcar a la puerta y llegar al restaurant es aproximadamente 10 minutos que incluyen: estirar las piernas calle arriba, darte cuenta de que te has perdido e ir calle abajo, quedarte pegada a un escaparate y llamar a alguien para que te recoja a una distancia de 2.5 metros de la entrada porque no te puedes orientar.
v  El ordenador tiene sueño y se va a dormir en ese preciso momento en el que tu pierdes tres horas de trabajo. Según el se le ha acabado la batería, según tu, se tiene que poner la pilas. Y según tu amigo gurú de la informática, probablemente a la batería no les gusta el café y al teclado no le gustan las tostadas. Con el cariño que tú estabas dejando caer parte de tu desayuno para que tuviese energía. Excusas...
¿Y tú? ¿Cuáles son tus calamidades?

24/3/11

Leyes fisicas aplicadas a la alfombra

Si hay alguien en este mundo que sufre en silencio mi existencia y mis coqueteos con las leyes de la naturaleza esa es mi moqueta. Y es que, pese a que mi fascinación por los experimentos termino de forma súbita cuando uno de mis compañeros de clase decidió deshacerse del sodio que se le cayó el en fregadero del laboratorio de química y casi salimos todos ardiendo (y todo por echarle dos gotitas de agua de nada), no hay ley física por la que mi moqueta no haya pasado:
·         Ley de la gravedad mejorada: cuyo enunciado (buf, lo que hacía que no utilizaba esta palabra) es algo así como ‘la ley de la gravedad empujara todo lo solido y lo que no mancha hacia abajo y tendera a empujar los líquidos y manchas difíciles de quitar en forma parabólica hasta la zona más cercana de moqueta limpia disponible’. Lo que viene a ser que ponga lo que ponga encima de la alfombra, el café siempre se cae en los 5 cm cuadrados que no cubrí.
·         Ley de la atracción coloreada: los colores opuestos se atraen. En particular el beige de mi moqueta es Elle McPherson en versión lana y los machos alfa que la cortejan por orden de frecuencia son: el rojo del pintauñas, el zumo de naranja, el café,  la leche de soja, los kiwis, las fresas y todo producto que yo cocine en orden decreciente de más a menos oleoso.
·         La ley de la energía extendida: la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Las pelusas se crean, no se destruyen y normalmente solo se mueven alrededor. Cualquier tipo de energía que transformes sobre ella (aspirador y fregoteo fundamentalmente) será utilizada en tu contra. Avisado quedas.
·         Ley de acción y reacción: toda acción provoca una reacción. En particular, toda agresión a la fauna y flora provoca el aumento exponencial de las especies en extinción.  Vamos, que independientemente del número de veces que pases el aspirador, siempre habrá una población importante de manchas, bolitas de calcetines, miguitas y hormigas no porque aquí no hay en general (ya tienen ratones y zorros para parar un tren en su lugar).
·         La ley de la relatividad: el estado de tu moqueta es relativo hasta que ves la moqueta de tus amigas. Entonces te das cuenta de que lo relativamente bien que estaba la tuya es en realidad un absoluto desastre.
El genio de Aladino nunca menciono estas contraindicaciones de las moquetas

Y unas cuantas mas como la ley de los grandes números (o las manchas infinitas), las indeterminaciones (porque dividir por cero manchas nunca asegura ningún resultado), divide y vencerás (o poner varias mini alfombras por encima funciona pero acabaras con cerco) y un largo etc.  que primorosamente aprendí en clases de matemáticas y física y para las que acabo de encontrar una aplicación de lo mas practica.
¿Alguien más se ha sorprendido de cómo aplican las leyes físicas en casa?