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5/7/11

5 Cosas que hacer antes de morir


Me encanta hacer listas estrambóticas. Las tengo de todo tipo, siempre y cuando no estén diseñadas para nada especialmente útil: no me veras con una lista de la compra, pero, por supuesto, que tengo una lista de objetos que mantienen mi vida organizada (aceitera y vinagrera a la cabeza) o de cosas que no debería comer (en cuanto me cure de mis adicciones al café y el azúcar, la ejecutare). Y como es un tema, que me interesa, también investigo las listas de las demás.

Una de las que más me apasiona es la lista de cosas por hacer antes de morir. Y me gusta especialmente porque, salvo los funcionarios de prisiones del corredor de la muerte, el resto del mundo se centra en cosas que tienes que haber hecho en 3 y 12 meses antes (viajar por el mundo, tener un hijo...). Algo así como si llamasen al servicio de defunciones, les diese cita el acontecimiento más importante y último de su vida y se pudiesen dedicar a viajar y procrear a partes iguales hasta el día y la hora X.

Como yo soy infinitamente más operativa, necesito una lista más y creo que probablemente mi muerte, como mi regla, omitirá el mensaje de advertencia y me pillara por sorpresa en el peor momento y con los pantalones más blancos, he decidido aumentar mi familia de listas estrambóticas con la lista de cosas por hacer (24 horas de preaviso). Y mi lista es:
1.       Hacerme un tratamiento de belleza completo de pies a cabeza, que incluya tratamiento facial, corporal, manicura, maquillaje, peluquería y pedicura, porque aunque mi madre dice que las uñas de los pies no te las va a ver nadie, yo desconfió de los asistentes a mi entierro y donde les pueda llevar la curiosidad.
2.       Emular a Julia Roberts en Pretty Woman, sección de compras por Beverly Hills, apartado vuelvo_a_casa_llena_de_bolsas. Porque no hay nada como que te hagan la pelota (me encanto Richard Gere en esa frase en particular) ni como quemar la tarjeta cuando sabes que no tendras que apagar el incendio.
3.       Comer un cocido en casa de mis padres y luego dormir la siesta. No porque la siesta me parezca especialmente operativa, sino porque después de un cocido montañés, lo único que quiero es tumbarme encima de la mesa como una boa. Como me parece poco glamouroso y  acogedor, prefiero planificarlo con antelación e irme a la cama con mis calcetines de esquiar.
4.       Tomar café con mis amigas (una vez recuperada del trance de los calcetines) y que me cuenten todos los detalles de su vida. Sus secretos irán conmigo a la tumba y lo feliz que me hace tener toda esa información ira en forma de colágeno de última hora a rellenar mis patas de gallo. Un complemento perfecto a la sesión de belleza de la mañana.
Uno de los ultimos deseos de Lara Jones

5.       Darme al chocolate en todas sus formas. No al de droga ilegal, que ya se me ha pasado el arroz para engancharme a sustancias que deshidratan la piel y general ojeras a partes iguales, sino al de cacao de África, que no es lo mismo que el negro del cola cao. Y es que, después de años de autocontrol en el 90% de las ocasiones con poco éxito, fantaseo con el día en que me pueda comer todos los muffins que quiera, todos los brownies con helado de vainilla y todas las muertes por chocolate en todas sus variedades, porque, curiosamente, cada restaurante tiene su propia interpretación y yo todavía estoy por encontrar una que no me guste.

Y después de esto, a descansar en paz. ¿Algo que añadir a la lista?

Lara Jones

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8/2/11

El hombre y... Londres

Creo que hay un animal apareándose debajo de mi ventana. Pensaría que es mi vecino pero su decisión estratégica de tener su puerta enfrente de la mía para verme mejor (como el lobo de Caperucita pero en calzoncillos y sin gorro de dormir, al menos hasta donde yo he visto) lo hace inviable.
Por los ruidillos de medio pelo, podría ser un zorro aunque igual es la ardilla que casi se me cuela en casa el otro día (ya me veía blandiendo mi aspirador de mano Black and Decker para echarla, porque lo de tener alfombras hace imposible echar a nadie a escobazos) o uno de los bichos con múltiples patas que se me colaron durante todo el verano (sin embargo, sospecho  que estiraron la pata en algún punto entre la compra de anti insectos  y la ultima nevada).
Aunque también podría ser una de mis especies autóctonas favoritas: los city animals. Cada vez que veo uno solo o en pareja, suena en mi mente la música del El Hombre y la Tierra, con la voz del gran Félix Rodríguez de la Fuente (sin recuperar estoy del episodio en que el que el águila despeña a la cabra).  Tururururu… El city macho se bebe en el club hasta el agua del canario. Tururururu… Tururururu... la hembra se viste como en Julia Roberts en Pretty Woman antes de conocer a Richard Gere pero sin fines comerciales. Tururururu..., la hembra  hace entrada triunfal luciendo exactamente como el resto de las féminas, que son un 80% del público del club, y también se saltaron la clase de marketing de estrategias diferenciadoras. Tururururu… el macho se relee el procedimiento de gestión de candidatas, capitulo “mucho arroz para tan poco pollo”.
City Macho boquiabierto ante la carga de trabajo nocturna

Tururururu... la hembra  decide hacer suyo el ‘stay out of the crowd’ intentando saltar más alto que sus competidoras (como en un concierto heavy pero con los pelos lavaos y tacones, que  mezclados con movimientos gimnásticos aseguran un esguince). Tururururu… el macho se lía, se le mezclan las hojas, la noche le confunde y decide arrimarse a la que esté más cerca y no le pise el juanete con el tacón de aguja (pacto de no agresión implícito). Tururururu… se dedican al restregón pero sin música de reggaetón. Tururururu... pasan la noche juntos, potencialmente más durmiendo la mona que dedicándose a actividades erótico-festivas. Tururururu… Tururururu...… al día siguiente, el macho se va sin dejar huella. Es un nuevo día en la sabana londinense. Comienza la cacería de nuevo.
Y yo mientras sigo con estos ruidos debajo de la ventana. ¿Venderán en Tesco sprays anti lujuria?