27/1/11

Con chacras y a lo loco

Tengo los chacras patas arriba. Y es que a veces los cafés con tu amiga experta en Reiki (gracias Wikipedia, me sacas de un montón de dudas ortográficas y espirituales) tienen sus efectos secundarios.  Algunos positivos como 1. Averiguar que es un chacra, 2. Comprobar que los tengo todos abiertos ,3. Confirmar lo que mi madre, mis amigos y mis compañeros de trabajo ya sabían y sufrían: que tengo energía para parar un tren y causar dolor de cabeza a toda la humanidad. Y otros negativos como confirmar, que no, en el 2011 tampoco encontraré a Prince Charming.
Mis chacras antes de la premonicion
Y la verdad, pese a que yo no le pongo mucho interés al casting reconozco que: estoy cansada de montar yo sola todos mis muebles de Ikea; cuando miro mi caja de herramientas me asaltan serias dudas no sólo sobre cómo usar el contenido sino sobre la razón por la que estoy investigándolo; me aterran los enchufes, usarlos y arreglarlos (curiosamente soy super apañada para estropearlos); mi coche es un misterio aunque mis grandes avances de los últimos 12 meses me han permitido rellenar el agua del limpia con éxito; sigo necesitando alguien que me ayude con mis maletas, mis compras y demás maquinaria pesada, incluyendo mi cargamento de zapatos;  me paso las horas hablando por teléfono porque las paredes de mi casa no me siguen las conversaciones; a veces necesito un hombro para llorar y a veces necesito que alguien me haga los coros riéndome y para remate, el invierno es muy largo, las noches son muy frías y yo estoy cansada de dormir con calcetines de esquiar. Sobre todo desde que descubrí que el segundo par del pack que compre no lleva los copos de nieve rosa palo a juego con mi aura sino que son negros como el carbón, sin un triste lacito para que los dedos de mis pies se vayan a dormir sintiéndose super coquetuelos.
Mis chacras despues de, poniendo velas negras
Así que pese a mi energía positiva, mi buena onda y lo conectada que me sentía con el cielo tras descubrir a que huelen las nubes, con la respuesta tajante del llamador de ángeles, se me cerraron los chacras del susto. Y así siguen, enfadados y no respiran.

25/1/11

Lost in translation

De todos los ‘false friends’ que me enseñaron en el cole que podía encontrarme en inglés, se les olvidó uno: banana. Y es que, palabra versátil donde las haya, ha generado una de las situaciones más absurdas de mi vida.
Cuando una se muda a Londres, con las almohadas de Ikea en el maletero (con el tiempo descubres que hay también almohadas de espuma con memoria que tienen la ventaja indiscutible de no dañarte irreversiblemente ninguna vertebra)  y un vocabulario ‘excelente’ se da cuenta de que le cuesta aproximadamente tres semanas pillar el ‘Do you want any bags?’ en el super o mi favorita ‘Club card’ (de Tesco, no de clubs privados, que empezamos a fantasear y perdemos el hilo) pero mantiene la esperanza de hablar como la reina madre en 6 meses.
Un año después, ya entiendes ‘ Tesco Club card’, ‘Nectar card’, ‘Boots card’ y cualquier otro sistema de recompensa que incluya descuentos en cosméticos. Entre medias, el ‘lost in translation’ a veces se transforma en ‘lost without solution’ (traducción libre, of course). Y ahí es donde yo me posiciono porque si no:
·         ¿Cómo es posible que no sea capaz de hacer repetir a alguien su nombre solo porque no quiero reconocer que no fui al cole el día que dieron la lección de ‘nombres indios comunes’?
·         ¿Cómo es posible que me pasase días intentando descifrar el de la nueva chica de tele sales pese a que se pasa 8 horas al día llamando por teléfono y presentándose a nuevos clientes?
·         ¿Cómo llegue yo a la conclusión de que se llamaba nada menos que  Banana?
·         ¿Cómo conseguí auto convencerme de que la conclusión era correcta por muy indio que fuese el nombre?
·         ¿Y como conseguí de un total de 5 letras del nombre real contra 6 de banana acertar solo una? Solo lo habría hecho peor si mi único acierto hubiese sido donde tiene la tilde.
Quien me iba a mi a decir que este no era el nombre de mi compi

Aun así tengo que agradecer:
·         Al cielo que no tuviese que presentársela a nadie. Imagínate llamarla Banana en público por mi bien que sonase dentro de mi cabeza;
·         A la secretaria por mandarnos la lista actualizada de empleados y sacarme de la oscuridad;  
·         A los ingleses por ser tan cosmopolitas y considerar como tal, nombres que definitivamente no entran en mi cabeza o por lo menos no por los oídos;
·         Y a mi madre, por su paciencia.

23/1/11

Guia en 5 pasos para subirse a un deportivo

Uno de los momentos más tensos en la vida de toda mujer es subirse al coche de un nuevo galán. Al fin y al cabo, nuestro coche ya lo conocemos y, si nos subimos saliendo del Tesco 24 horas a las 12 de la noche como un hipopótamo, los únicos damnificados son los secuestradores potenciales que, como todas sabemos andan merodeando por todos los parkings, esperando que, pese a nuestro look anti lujuria, nos subamos al coche como princesas convirtiéndonos en victimas ideales. Pobres ilusos.
Sin embargo, estudios científicos llevados a cabo en mi casa por sesudas estudiosas, con un trozo de tarta en una mano y una copa de vino en la otra, demuestran que en un 80% de los casos cuando llega el momento de dejar al hipopótamo en casa y sacar a la princesa, la usuaria media se encuentra con uno un reto adicional: la puerta del coche esta exactamente a la misma altura que su tacón. O lo que es lo mismo: toca subirse al deportivo porque ya has aceptado la invitación.
Como múltiples experimentos confirman, salvo que se conozca en detalle la técnica, intentos espontáneos de subirse al coche con dignidad siempre acaban en tragedia: bien cayendo de culo dentro del coche (con el propietario mirando de reojo mientras tú ves como el mensaje para volver a quedar se aleja en el horizonte) o subiendo de forma comedida para darte cuenta justo al terminar de que te has dejado una o dos piernas fuera y no tienes ni idea de cómo meterlas.
Con este fin, el grupo de trabajo ha editado una guía en 5 pasos para subirse a un deportivo con dignidad:
1.       Acepta cuanto antes que, si, es un deportivo, no un coche bajito y aplica el paso 2.
2.       Deja caer algo al suelo y finge que por alguna razón crucial no puedes agacharte tu (se te ha roto la cadera en el último momento o en su defecto desconchado una uña). Pon atención a que el objeto elegido no sea ninguna parte de tu cuerpo, incluido tu bolso, y en no dejarlo caer en un charco, porque no quieres poner a prueba la caballerosidad de tu cita justo cuando no tienes ninguna otra forma de volver a casa.
Cuidado con el objeto que dejas caer
3.       Mientras el caballero se agacha a recogerlo, lanza al hipopótamo en ti dentro del coche tan rápido como sea posible, asegurándote de que no te dejas ni brazos ni piernas ni cabeza fuera (la única cabeza que queda mona fuera del coche es la de Lassie) y de que para cuando él termine de recoger lo que tiraste, tu estas dignamente sentada retocándote los labios.
4.       Sonríe y elogia el coche y lo cómodo que es. Mejor no hagas mención a lo confortable que es subirse porque igual se te pone cara de limón. Discretamente comprueba el estado de tus tobillos y masajéalos si es necesario.
5.       Empieza a pensar cómo salir de ahí sin tener que pedirle que te empuje para coger impulso.